domingo, 4 de noviembre de 2012

¿SOMOS CAPACES?


POR UN GRAN PACTO CONTRA EL INDEPENDENTISMO

Si, totalmente de acuerdo con el segundo titular, que tomo prestado de un artículo publicado recientemente por Rosa Díez en su blog personal, y además ilusionado ante la posibilidad de que pueda llegar a darse dicho pacto.
Pero los días avanzan y nos acercamos inexorablemente hacia la fecha en la que se ha convocado, no unas elecciones autonómicas, sino un plebiscito ilegal y traidor bajo el formulismo de unas elecciones autonómicas, y la posibilidad de dicho pacto cada día parece más remota.
Y después de este largo fin de semana, en el que ha habido tiempo para leer y pensar sobre lo leído, la necesidad de ese pacto todavía se hace más necesaria. Sobre todo porque el pacto a favor del independentismo está más que cerrado, hasta el extremo de que se plantea sin ambages  el préstamo de votos temporal hacia CIU con el fin de conseguir una mayoría amplia. Se supone que esos votos prestados serán recompensados con generosidad una vez que, conseguida la independencia, sean menos a repartir.
En este estado de cosas, la lectura del artículo de Rosa Díez, abogando por un pacto contra el independentismo, me ha supuesto un atisbo de esperanza pero que según avanzaba en su lectura, esta  iba desapareciendo.
Uno que está acostumbrado a ver a Rosa Díez defender los postulados de nuestro partido, tomando la iniciativa y enfrentándose al PSOE y al PP sin reparos y, digamos, con cierta osadía, no entiende que a esta alturas de la historia se limite a ofrecerse para un pacto con el PSOE y el PP, que son los únicos, que públicamente y en la intimidad, han permitido que la situación de España en general y la de Catalunya en particular haya llegado a este punto. ¿Por qué se hace este ofrecimiento pasivo de un pacto al PSOE y al PP?  ¿Con criterios se ha contado a la hora de evaluar su aceptación? ¿A caso el PSOE y el PP han cambiado las palabras y los hechos que han mantenido  hasta ahora? Y que conste, cualquier posibilidad de pacto es siempre positiva.
Lamentablemente, la razón de este ofrecimiento parece estar más relacionada con la mala conciencia de no ofrecer y liderar un pacto con Ciudadanos que con posibilidades reales de que pueda llegar a darse.
Además me cuesta trabajo aceptar, a pesar del “mantra” oficial de que UPYD es un partido nacional y Ciudadanos un simple partido regional, de que se ofrezca un pacto a unos partidos que, ni de hecho ni de palabra, dicen lo mismo en todos los rincones de nuestra querida España y, en cambio, se niegue la posibilidad de un pacto con el único partido que, aunque sólo en Catalunya, dice, de palabra y de hecho, lo mismo que UPYD.
Quedan pocos días para que se inicie la campaña electoral pero espero que se recapacite y teniendo en cuenta, cómo dice Rosa Díez, que lo que nos jugamos en estas elecciones, a parte de las  legítimas aspiraciones partidarias, es  la pura supervivencia política, que por patriotismo constitucional lideremos un pacto con Ciudadanos que arrastre a todas esas asociaciones del mundo civil, que tienen los mismos planteamientos y objetivos que nosotros en el orden constitucional, (Impulso Ciudadano, Convivencia Cívica, Ágora Socialista, Asociación por la Tolerancia, etc.), y planteemos un frente sólido y lo más amplio posible que impida la deriva totalitaria del nacionalismo catalán.
Y desde luego, si a este pacto se adhieren el PSOE y el PP, perfecto, pero esto es como soñar que la nieve ardiera, como dice una popular jota. Han tenido treinta años para resolver este asunto y han sido incapaces, no ya de conseguirlo, sino ni siquiera intentarlo, (y por lo que se ve, prefieren llegar a la insignificancia electoral antes que a resolver el problema).
Que UPYD no mire hacia arriba, que de ahí no nos va a venir nada, miremos hacia los que quieren ser o son  como nosotros y busquemos las complicidades necesarias que nos permitan luchar con éxito contra el nacionalismo excluyente.
Si para conseguir esto UPYD tiene que retirar su candidatura para las próximas elecciones y apoyar decididamente la opción de Ciudadanos, UPYD tiene la obligación de hacerlo por ética constitucional y por fidelidad a nuestro ideario de no buscar los éxitos partidarios sino la solución de los problemas de los ciudadanos.
Tomar esa decisión  lo único que aportaría a UPYD son ventajas. Desde el punto de vista de la estrategia electoral, las posibilidades de conseguir un buen resultado en términos electorales  son mínimas. Tal como se ha demostrado en anteriores convocatorias electorales y las encuestas auguran. A este respecto es interesante constatar, tal como ha sido puesto de manifiesto por los equipos que han recogidos firmas para el proceso electoral, que mucha gente a manifestado su simpatía por UPYD, concediendo su firma, pero también manifestando su decisión de votar a Ciudadanos. Luego por este lado tenemos poco que perder.
En cambio, apoyar a Ciudadanos nos aportaría la satisfacción de haber aportado nuestro esfuerzo a conseguir un mayor frente constitucional, (a todo el mundo se le alcanza que no es lo mismo conseguir seis diputados que siete o más); facilitaría el contacto entre dos partidos políticos que son y han de ser imprescindibles para organizar una alternativa seria al los dos partidos tradicionales actuales, (si en UPYD todavía hay alguien con la idea de que solos y teniendo una aceptación mínima en Catalunya podemos ser una alternativa de gobierno a los partidos tradicionales o es un insensato o…un iluminado); ya se acepte o no el pacto, no solo nadie podría achacar a UPYD que no sabe sacrificarse por el bien común, sino que los ciudadanos sabrían valorar dicho gesto en próximas elecciones y, en  fin, demostraríamos que a diferencia de lo que hacen los demás partidos, en UPYD se respeta el ideario y antes de los intereses meramente partidarios, están los intereses de los ciudadanos, en este caso, de Catalunya.
Dadas las circunstancias me gustaría acabar respondiendo a la pregunta de sobre si somos capaces  de promover y liderar un pacto constitucionalista con Ciudadanos, (a pesar del posible y mínimo riesgo que provocara una decepcionante negativa), diciendo que sí de una forma totalmente inequívoca. Espero que así sea.
Angel Milla
Afiliado UPYD

domingo, 21 de agosto de 2011

OTRA OPORTUNIDAD PERDIDA

OTRA OPORTUNIDAD PERDIDA

A principio de mes el presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, lanzó la propuesta de que su partido no concurriría a las próximas elecciones generales en solitario y que, únicamente, se planteaban tal posibilidad en el caso de concurrir, como mínimo, junto a UPyD, para conformar una tercera vía constitucionalista en España.
Como es habitual en España, en el ámbito de los partidarios con los planteamientos constitucionalistas, en vez de explorar las posibilidades de tal colaboración; en vez de evaluar los beneficios que podría reportar tal colaboración a la ciudadanía española; en vez de mostrar un espíritu integrador y positivista y en vez de aprender del pasado se ha optado por la descalificación sinsentido y por el rechazo basado en ideas peregrinas y en orgullos personales.
Desde sectores que provienen de los inicios de C,s., se  rechaza la posible colaboración aludiendo al oportunismo político de Rivera y al sentimiento, tan humano y español, de considerar al adversario político como enemigo y, en consecuencia, no se le puede dar la más mínima posibilidad de supervivencia.
Desde UPyD, como destinatario de la propuesta, se ha respondido con la altivez del que se cree en posesión de la verdad absoluta, (curiosamente tal como C,s. respondió a UPyD en sus inicios), y se ha descalificado la propuesta sin más.
En ambos casos se comete el terrible error de despreciar a la inmensa base electoral que sustenta C,s. y que, en ningún caso, nadie confunda con la dirección de C,s. Querer saldar o zanjar antiguos desencuentros entre las direcciones de UPyD y C,s. a base de defraudar las expectativas de los ciudadanos es simplemente inadmisible.
Además, en el contexto actual de la situación política, no estaría de más el echar un vistazo a la historia y ver como acabaron movimientos sociales que en el pasado fueron “secuestrados” por la vanidad y la soberbia de sus dirigentes. Actitudes que hicieron imposible alcanzar unos mínimos acuerdos para conseguir una viabilidad democrática para este país y que acabaron hundiendo a España en el pozo de la historia.
Que en UPyD no se olvide que C,s. no es un partido que surge al amparo de la proyección mediática de un líder, sino que es un movimiento que surge de la sociedad civil, harta de un nacionalismo excluyente y de la incapacidad de los partidos, digamos constitucionalistas, de ponerse de acuerdo para establecer un proyecto de desarrollo político común a todos los españoles. Este movimiento entusiasta, que mientras les reportó protagonismo y actualidad contó con el apoyo de un amplio abanico de intelectuales, no se dedicó a manifestaciones ni a realizar actos violentos al margen del sistema constitucional, sino que se organizó, se estructuró y creó las condiciones adecuadas para influir en la actividad política. Lamentablemente para la sociedad, esta capacidad de influir en la actividad política quedó gravemente cercenada por la incapacidad de la dirección de C,s. para ver más allá de sus intereses personales y por su ineptitud a la hora de estructurar el partido.
Si ante las próximas elecciones generales, y aunque sea por meras razones de supervivencia política, la dirección de C,s. ha lanzado la propuesta de conformar una gran opción electoral, capaz de influir en la política de España y en la que se unan el liberalismo progresista y el socialismo democrático, la dirección de UPyD deberá hacer honor a sus planteamientos programáticos y afrontar de una vez por todas la responsabilidad de liderar ese movimiento que alumbre la “tercera España” y que consiga definitivamente enterrar las dos “viejas y cainitas Españas”. Y deberá hacerlo porque esa sociedad civil necesita ese liderazgo, porque ha quedado al descubierto la capacidad de la dirección de C,s. y porque para UPyD, (como para cualquier otro partido político), es fundamental la participación de Catalunya en el proyecto.
Y aunque este objetivo pueda parecer, hoy por hoy, muy ambicioso, no cabe duda que en algún momento habrá que empezar a poner los cimientos que nos lleven a conseguir construir esa España democrática y justa. Para conseguir esto no es el mejor camino seguir empeñado en repetir machaconamente, una y otra vez, que se es el único partido nacional; que se es diferente y que es el único que realmente aboga por la regeneración democrática.
Querer construir esa tercera España desde el centralismo más autocrático, alentando en Catalunya la resurrección de viejas y fracasadas políticas reformistas surgidas en el seno de la burguesía catalana, es simplemente una mala utopía. Quizás, mientras haya cierto apoyo mediático y el despecho cosechado por los dos grandes partidos nacionales sea tan elevado, UPyD tenga cierto recorrido electoral y consiga colocar unos cuantos cargos institucionales, pero nunca será una alternativa diferente de los actuales partidos políticos.
Como ya he dicho, para ser una alternativa diferente se tendrá que actuar de acuerdo con  nuestros planteamientos programáticos, no basta con ir diciendo todo el día que somos tal o cuál, sino que hay que demostrar con los hechos que realmente somos así.
Antes de finalizar un apunte sobre estrategia política. Nunca antes, ningún partido se presentó ante unas elecciones legislativas con las estructuras territoriales de las dos principales comunidades autónomas dirigidas por gestoras provisionales. Hay que recordar que para tener alguna significación política en este país hay que ser alguien, al menos, en una de las dos comunidades. No tener representación ni en Andalucía ni en Catalunya, será el fin del proyecto regeneracionista de UPyD.
Y acabo con mis mayores deseos de que me haya equivocado con el título de este escrito.
Angel Milla
 

sábado, 19 de marzo de 2011

ERROR POLITICO

Por fin se ha producido el cese del Consejo Territorial de Catalunya y, aunque esperada o deseada, la noticia no deja de provocar una sensación de error, de algo que no es del  todo  correcto, ya que no es la forma en que se debería haber producido. Parece ser que han pesado más los deseos y urgencias de algunas personas que no el respeto al espíritu más democrático.
El que la incompetencia demostrada por el  CT cesado haya alcanzado unos niveles considerables no justifica el que se haya hecho uso, esta vez sí, de una interpretación estricta de los Estatutos del  Partido.
Cesar al CT siete días antes de cuando, cumpliendo estrictamente lo que exigen los Estatutos (art. 38 puntos 1 y 4; art. 39 punto 2, letra j), ha convocado la celebración de la Asamblea anual ordinaria tiene poco de regeneración política. La verdadera regeneración democrática tiene más que ver con la participación,  el debate y la expresión de la soberanía  mediante el ejercicio del voto. Aunque parece ser que para algunos, y a tenor de las manifestaciones indisimuladas de júbilo que pueden leerse estos días, es más importante ganar en los despachos que no en las urnas.
 Que se haya usado como justificante del cese lo establecido en el artículo 37.9 sin tener en cuenta que las dimisiones de los miembros del CT no se han producido en todas a la vez y que el CT no tiene capacidad para ratificar los nuevos nombramientos  al margen de la Asamblea Territorial Ordinaría que se acababa de convocar es, cuando menos, excesivamente riguroso. Además crea un problema de índole político importante ya que  la literalidad del precepto estatutario invocado para justificar la decisión del cese del CT, obliga a convocar la asamblea Territorial Extraordinaria en el plazo de dos meses, justo cuando se esté preparando o realizando la campaña electoral de las próximas elecciones municipales. Una auténtica barbaridad. Por qué claro, a nadie se le ocurrirá incumplir los Estatutos.
Bueno, con el tema de incumplir los Estatutos después de leer lo que se ha publicado sobre  la justificación real que se da para poner en marcha el mecanismo de cese, pues no se qué pensar. De entrada, estatutariamente parece ser que el Consejo de Dirección no tiene  competencia para determinar o modificar un orden del día, que en el caso de la Asamblea Territorial Ordinaria de los Consejos Territoriales viene establecido por los Estatutos. Sería interesante el saber en qué se basa el  Consejo de Dirección para modificar ese orden del día y qué interés tiene en que no se debata el informe de Gestión. También resulta sorprendente el que se afirme que se ha intentado forzar al CT a convocar una asamblea con el único fin de someter a ratificación el nombramiento de los nuevos componentes del CT. Esto resulta especialmente incomprensible y fuera de Estatutos, ya que éstos solo contemplan la ratificación de los nuevos miembros de los CT, s. en la siguiente  Asamblea Territorial Ordinaria. Y hay que recordar que los Estatutos solo contemplan una Asamblea Territorial Ordinaria y todas las Extraordinarias que considere el CT o el 40% de los afiliados.
Otro aspecto llamativo es la descalificación que se hace de la reunión en la que parece ser que se aprobaron los informes político y de gestión. Según los Estatutos,  las decisiones tomadas por mayoría en las reuniones del CT a las que asista la mitad más uno de los componentes del citado órgano son válidas y en este caso parece ser que así era. Consecuentemente todas las demás interpretaciones que se hagan al margen de lo anteriormente expuesto carecen de valor y basar en ellas una decisión de cese de un CT es un tanto arriesgada. Y más ponerlo por escrito.
En las sociedades modernas democráticas la calidad de dicha democracia viene determinada, principalmente, por el grado de respeto y cumplimiento de sus leyes. Por esta razón, UPyD si quiere aspirar a liderar la sociedad española tendría que ser muy cuidadosa y escrupulosa con el cumplimiento de sus Estatutos. Y cuando surja la duda ante una determinada actuación, siempre será mejor una votación antes que un decreto.
Lamentablemente con la decisión tomada no se ha resuelto nada, salvo las urgencias de alguno. Se sigue sin tener formada una mayoría que pueda ser capaz de liderar el proyecto de UPyD en Catalunya  y además de boicotear los intentos de conformar esa mayoría, con la decisión tomada se han creado demasiados agravios como para presuponer que esta situación tenga fácil solución. Quizás lo que se quiere precisamente es eso, que no se arregle para que el partido quede reducido a la mínima expresión y de esta manera no tener ni estructura estatutaria.
Ojalá pudiera ser posible la rectificación y el que se convocara la Asamblea Territorial Ordinaria y que los afiliados pudieran escuchar y decidir. Todos ganaríamos y UPyD más.

Angel Milla

jueves, 23 de diciembre de 2010

RABIA Y SOBERBIA

A casi un mes de las elecciones de Catalunya y después de haber cosechado un resultado realmente negativo, todo sigue igual. Mejor dicho, todo sigue peor. Cuando lo hechos, la experiencia y el sentido común nos obligan a la autocritica constructiva, a la reconsideración de los planteamientos iniciales y a la búsqueda de amplios consensos la realidad es justo al revés.
En vez de autocrítica, lo que se hace es una crítica feroz y destructiva del que no coincide con nosotros. Y si, al menos, esta crítica tuviera fundamentos políticos algo aprenderíamos, pero solo se basa en argumentos insignificantes o en meras cuestiones personales.
A pesar de los resultados obtenidos todo el mundo se empeña en mantener sus planteamientos, nadie está dispuesto a reconocer ni tan siquiera un mínimo error. Y en este punto, las circunstancias en las que se desarrolló la campaña electoral dificultan y complican sobremanera el posible entendimiento. Desde el Consejo Territorial de Catalunya se argumenta que al no ser ellos los que han dirigido la campaña electoral, tampoco se consideran responsables de los resultados. Se consideran unos meros ejecutores de una campaña dirigida, en todos sus aspectos, desde el Consejo de Dirección en Madrid. Por contra, desde el Consejo de Dirección se considera que el actual CT ha sido incapaz de desarrollar  la campaña electoral diseñada por ellos y en consecuencia es responsable del descalabro electoral sufrido. Lo dicho, imposible el entendimiento.
Cuando el sentido común indica que después de unos resultados como los obtenidos hay que replantearse todo y en vez de eso se hace gala de un inmovilismo total, al futuro del partido, aquí en Catalunya, se le puede calificar de todo menos de esperanzador.
Pero si, aun sin la autocrítica necesaria ni el replanteamiento de los posicionamientos originales, al menos se buscara el máximo consenso desde el convencimiento de las ideas y desde la voluntad de hacer grande al partido y no a las personas, el futuro sería posible. Y me refiero al futuro de un partido que sea algo más que unas siglas al servicio de intereses personales, un partido que por encima de cualquier otro aspecto esté por el servicio a los ciudadanos y por defender sus intereses.
Lamentablemente esto de buscar consensos, de generar afinidades más allá de los intereses particulares, de ceder en aspectos meramente personales, de no considerar enemigo al que discrepa y de buscar el bien para el partido son meras utopías en UPyD Catalunya.
Desde luego que para superar esta situación no ayuda el que se esté ocultando lo que parece ser una dimisión en bloque de cuatro de los nueve componentes del CT. La única información que hay al respecto es oficiosa y basada en las declaraciones de los dimisionarios. Ahora que está tan de moda el derecho a la información y se aplaude lo que ha realizado Wikileaks, sobre todo cuando se refiere a aspectos negativos del contrario político, aquí optamos por el secretismo y se desprecia el derecho a la información que consagran nuestros Estatutos. Nadie dice nada ni da explicaciones de lo que ocurre, pero si se intenta usar esa desinformación con fines políticos, unos queriendo dar la impresión de que todo sigue igual y que no ha pasado nada y los otros queriendo dar una imagen de desastre total y queriendo forzar soluciones al margen de la ética política.
Parece mentira que jugándonos lo que nos jugamos, una nueva forma de hacer política, un sistema electoral más representativo y un ejercicio de los derechos de los ciudadanos más justo, no seamos capaces de actuar en común y volvamos a repetir los problemas de entendimiento político tan propios de este país.
Claro que cuando el actual equipo de dirección está liderado por quien se cree la última esperanza del movimiento no nacionalista, se considera un dechado de virtudes políticas, considera que los únicos resultados electorales a considerar son los que le favorecen y que no es capaz de responsabilizarse de sus propias propuestas y compromisos, las posibilidades de acuerdo son mínimas. Si además en frente se tiene a quién a estas alturas no ha asimilado su derrota en las elecciones de marzo, se presume de ser expertos políticos por que se juega a las intrigas, no se acepta el reto democrático de exponer sus planteamientos al veredicto de las urnas, se espera el nombramiento a dedo y se trata al adversario político como si fuera el enemigo más despreciable, entonces no es que las posibilidades de acuerdo sean mínimas, simplemente desaparecen.
Es de esperar  que después de estos días y una vez evaporados los efluvios festivos, con la llegada del año nuevo se den los pertinentes cambios de actitud en todos que permitan  dibujar un futuro más prometedor y si, así se decide,  se puedan encarar con dignidad las próximas elecciones locales. Si esto es así, será realmente ilusionante el participar y esforzarse por hacer crecer a UPyD, el extender el ideario del partido y soñar con que en un futuro próximo UPyD sea capaz de articular la vida política de este país.

Angel Milla

viernes, 10 de diciembre de 2010

FRANQUICIAS Y CIUDADANOS

Todavía sorprendido por los desastrosos resultados obtenidos en las pasadas elecciones, sigo dándole vueltas a todo lo ocurrido e  intentando descubrir qué hemos hecho mal para que un partido como Unión, Progreso y Democracia, con un programa regenerador de la vida política española y reivindicativo de la justicia social, haya obtenido tales resultados.
Un aspecto que nos ha perjudicado es el empeño que se ha puesto en negar a los demás por encima de explicar nuestros aspectos positivos y en esto se ha llevado la palma el uso machacón del “UPyD no quiere franquicias”, entre otras expresiones similares.
Con el uso de esta terminología se ha introducido un cierto carácter mercantilista en nuestra campaña que no casa bien con un partido político y que además es difícil de entender por los ciudadanos. Lo natural para un partido como el nuestro, con apenas tres años de vida, con serias dificultades para crecer, sería el buscar, precisamente, lo que en términos empresariales se conoce como franquicia y que en términos políticos serían otras organizaciones de ámbito autonómico o local. Pero como ya he comentado en otras ocasiones, la ambición y vanidad de creernos mejores que nadie, nos ha llevado a  rechazar a todo el mundo, en contra de nuestra filosofía política y de lo que nuestro propio nombre indica, y claro, por no negar con su nombre al que se supone que sería la franquicia de UPyD, hemos hecho uso de semejante término, repitiendo la negación en todo momento y lugar, viniera a cuento o no.
Con esta negativa a querer compartir con otras entidades políticas la lucha por la igualdad y la justicia de los ciudadanos hemos dado la imagen que, justamente, deploramos en los demás partidos políticos, la imagen de que importa más el partido que los ciudadanos, que importa más nuestros propios cargos que el participar de una forma desinteresada en la política.
Y si, cómo se ha opinado, el haber ido en coalición con, digamos ya el nombre de la hipotética franquicia, Ciudadanos hubiera supuesto el haber conseguido al menos un diputado más que sumar a los obtenidos por C,s., el asunto de que UPyD no quiera  franquicias y lo que esto significa , raya en el despropósito. En vez de haber conseguido un diputado más que sumar al constitucionalismo, hemos sido borrados prácticamente del mapa político de Catalunya y ahora ¿cómo vamos a ser un partido nacional si no tenemos presencia ni en el  Parlament ni en la calle?; ¿basta para ser nacional con tener representación en el Congreso de los Diputados?
Evidentemente, a priori es difícil el conocer los resultados de un proceso electoral y los dirigentes de un partido político, ante una cita electoral, tienen la libertad para proponer como se participa, si en solitario o en coalición con otros partidos, pero una vez conocidos los resultados de la cita electoral, deben asumir su responsabilidad tanto en el éxito como en la derrota. Y si es una derrota sin paliativos, como  en el caso que nos ocupa, con más razón.
No quisiera acabar sin hacer una reflexión acerca del rechazo que existe en UPyD hacia C,s. y que no tiene otra explicación que una lucha por ocupar el mismo espacio ideológico, al margen de cuál es la mejor opción para los ciudadanos. Y que por añadidura está condicionando la relación  y consideración de los afiliados a UPyD que provienen de C,s. Si esta va a ser la política de UPyD para conseguir un día llegar a ser determinante en la vida política española, ese día no llegará nunca. Cuanto antes se recupere un espíritu de integración dentro del partido; cuanto antes se recupere un espíritu de unión con partidos o grupos afines y cuanto antes se produzca una renovación de los modos de gestionar el partido, antes nos situaremos en camino de ser un partido con verdadera vocación de servicio público y antes recuperaremos la confianza de los ciudadanos.
Y a todo esto, ¿qué sabemos del Consejo Territorial y de nuestro ex-candidato? Nada, prácticamente nada, una bien intencionada carta de agradecimiento por parte de la Coordinadora y un extraño artículo con un desafortunado título por parte del ex-candidato pero, eso sí, sin atisbo por ningún lado de eso que se llama asunción de responsabilidades, ya sea por acción o por omisión.
Angel Milla

lunes, 6 de diciembre de 2010

MANTENERLA Y NO ENMENDARLA

En el anterior escrito quise reflejar la idea de que después de las elecciones empezaría una nueva etapa en la que, dado el rotundo fracaso cosechado en las elecciones, buscaríamos analizar con rigor lo sucedido para tomar las medidas necesarias que recondujeran a nuestro partido al centro de la actividad política.
Para mi sorpresa parece que nada de eso va a ocurrir, al menos a tenor de las declaraciones de dirigentes de nuestro partido. Lamentablemente seguimos con el “mantenerla y no enmendarla”, certero refrán que viene calificando la vida política de este país desde hace más de trescientos años y que ha hecho que perdamos el tren del progreso y de la modernidad de la vida política y social.
Como respuesta al fracaso cosechado, a algunos dirigentes de UPyD , partido que hace gala de querer regenerar la vida política y social de este país, no se les ha ocurrido otra cosa que el cuestionar la inteligencia de los ciudadanos de Cataluña a la hora de decidir lo que quieren votar, en vez de realizar un análisis crítico de lo ocurrido. Esto, en principio, implica un par de consideraciones a cual más negativa. Por un lado, si estamos convencidos de que lo hemos hecho bien y que la culpa es de los demás difícilmente vamos a corregir los errores, con lo que nuestro futuro queda más que cuestionado. Como segunda consideración, y para mi mucho más grave, es ¿qué categoría, como político, tiene un dirigente de un partido político que ante un resultado lectoral adverso su reacción es la de insultar, considerando poco menos que cómo  ignorantes, a los ciudadanos, en este caso de Cataluña, que han decidido elegir otras opciones?. Parece ser que lo que se declara en el Manifiesto Fundacional   “ consideramos  a los ciudadanos capaces de pensar por sí mismos y de elegir en consecuencia, de acuerdo con las ofertas de los partidos y su experiencia de la situación histórica que vivimos”, es una mera declaración retórica y sin ningún fundamento, porque si realmente actuáramos tal como decimos, deberíamos ser capaces de reconocer que los ciudadanos, usando su capacidad de pensar y de elegir, no han optado por UPyD, porque simplemente lo hemos hecho muy mal. Evidentemente, alguien tendrá que afrontar la responsabilidad por lo ocurrido.
La coartada del vacío informativo y del poco eco mediático que han tenido nuestras propuestas pudiera ser tenida en cuenta si no hubiera partidos que, teniendo todavía menos eco mediático y un mayor silencio informativo,( y líderes totalmente desconocidos),  han tenido una aceptación por parte de los ciudadanos muy superior a la que hemos obtenido nosotros. Véanse los casos del partido DES DE BAIX y el de CIUDADANOS EN BLANCO. También es muy significativo que más de noventa y dos mil ciudadanos hayan decidido votar en blanco, sin que hayan considerado el votarnos a nosotros, el partido defensor  de la regeneración democrática.
En fin, que si a pesar de lo ocurrido, los dirigentes de nuestro partido siguen considerando que todo lo hacemos muy bien, que nuestras propuestas son las únicas acertadas y que la solución es continuar haciéndolo igual y no cambiar, realmente tenemos un grave problema. Para acabar, ¿realmente los ciudadanos de Cataluña son tan ignorantes a la hora de elegir a sus representantes?
Bueno esperaremos el devenir de los acontecimientos para ver cómo se desarrollan. Y de franquicias y ciudadanos, hablaremos otro día.

martes, 30 de noviembre de 2010

FIN DE ETAPA

FIN DE ETAPA

A pocas horas de acabar la jornada electoral nos encontramos, no ante la incertidumbre lógica del resultado electoral sino ante la incertidumbre de la nueva etapa que se abre para UPyD en Cataluña. Lamentablemente, los resultados electorales ofrecen pocas incógnitas, después de una campaña electoral basada en unas premisas totalmente equivocadas y con unos actores no adecuados ni a la realidad catalana ni al espíritu de Unión, Progreso y Democracia.
Cuando, de acuerdo con lo que propugnamos y si somos consecuentes con lo que decimos, deberíamos haber buscado las coincidencias y haber hecho esfuerzos en buscar una unión con Ciudadanos, único partido inequívocamente constitucionalista en el nuevo parlamento catalán, desde la dirección nacional no se ha parado, en un lamentable ejercicio de vanidad y soberbia, de desprestigiar y ridiculizar al partido político que, sino igual a nosotros, más cercano está en nuestros planteamientos, con el que una unión progresista hubiera contribuido a mejorar la calidad democrática de la política catalana. Los ciudadanos de Cataluña, simpatizantes o no de UPyD,  no han entendido por qué UPyD y C,s., no han ido juntos a las elecciones y en consecuencia nos han dado la espalda de una manera escandalosa. Analizar los resultados electorales y ver el apoyo que hemos recibido es, simplemente, vergonzoso; dicho esto sin ánimo de menospreciar a quién han recibido más apoyo que nosotros.
Si desde el punto de vista de Cataluña los resultados electorales nos dejan en una situación francamente difícil, analizándoles desde la óptica nacional las conclusiones no son precisamente positivas.
UPyD ha perdido una inmejorable ocasión para dar una imagen de partido interesado fundamentalmente en los asuntos de los ciudadanos, capaz de llegar acuerdos por encima del interés partidista y dispuesto a poner la experiencia que atesora al servicio del bien común. (No basta con decir las cosas, hay que hacerlas).  Esta actitud hubiera generado unas expectativas electorales realmente extraordinarias y hubieran otorgado a UPyD unos atributos de partido serio, preocupado por las ideas y no por los cargos y se hubiera convertido realmente en una alternativa de gobierno.
Por el contrario, de estas elecciones UPyD sale como partido más interesado en sus propias circunstancias, hundido en la valoración de los votantes y con un rival político  muy crecido en nuestro propio campo. (Quizás ahora tengamos que escuchar que C,s. no quiere franquicias). Las expectativas tan favorables que todo el mundo atribuía a UPyD para los próximos procesos electorales han quedado seriamente cuestionadas.
Pero los errores no hay que buscarlos sólo en la dirección nacional, sino también en la dirección territorial que no sólo no ha sido capaz de mantener lo que siempre ha propugnado, sino que se ha plegado sin miramientos a lo impuesto desde la dirección nacional por aferrarse a la posibilidad de un escaño o por mantener los cargos territoriales, por encima de la dignidad y la ética política más elemental, sabiendo que la mejor opción para defender los intereses de Cataluña y de España era una coalición, unión, con C,s. Ahora ni se tienen votos ni dignidad. Es de esperar que si en ocasión anterior, por considerar que determinada coalición no satisfacía los intereses de los ciudadanos, se tomó la decisión de dimitir, ahora que por no realizar la coalición consecuente con los intereses de los ciudadanos y una vez demostrado que esa actitud ha hundido al partido, también se tomará la decisión de dimitir.
Supongo que ya no quedarán dudas del tirón y de la idoneidad electoral de nuestro líder que, a la vista de los resultados, ha sido netamente superado por perfectos desconocidos sin la más mínima experiencia política.
Espero que se tomen las medidas adecuadas para que lo anteriormente expuesto no sea más que una somera crónica de un simple tropiezo en el proceso de conseguir una verdadera regeneración de la vida política de España.