lunes, 14 de abril de 2014

LA LISTA

Hace unos días me entretuve un rato en leer la lista electoral que presenta UPyD a las próximas elecciones al Parlamento Europeo, y ojalá no lo hubiera hecho. Me hubiera ahorrado otra desilusión más. Cada vez entiendo más a los que ni ven ni oyen más allá del discurso oficial, ese discurso que nos presenta como paladines de la regeneración política, esforzados defensores de la democracia, portadores de la verdad política e incansables luchadores por el imperio de la Ley. Es más cómodo.

La lista electoral, documento que debería reflejar y personificar todos nuestros valores e ideas, y en vez de eso, arrasa con todo.

Nuestra idea de la regeneración política queda más que cuestionada cuando las elecciones primarias se emplean solo para elegir el primero de la lista y a los cincuenta y tres restantes se les nombra a dedo, (bueno, hay dos personas que a pesar de haberse presentado a primarias están en la lista electoral e ignoro la razón de tal circunstancia, aunque no creo que sea por haberse presentado a primarias). No me parece nada democrático que la persona que quedó en segundo lugar en el proceso de primarias no tenga, no ya el derecho al ir en segundo lugar de la lista, sino simplemente derecho a ir en la lista. En un partido político, ¿Qué mérito hay mayor que el de presentarse a unas elecciones y ser elegido por los afiliados?

Resulta sonrojante que de las cincuenta y tres personas que acompañan a Francisco  Sosa Wagner en la lista electoral, solo dos  le hayan acompañado en el proceso de primarias. ¿Acaso ir en la lista electoral no era de su agrado y por eso no se presentaron a las primarias? ¿O es que no consideraron oportuno el someterse a la decisión de los afiliados? Y ahora, una vez en la lista electoral, ¿Todos se consideran con más méritos que el compañero que quedó en segundo lugar en el proceso de primarias? Y creo que todos entendemos y aceptamos que los primeros puestos de la lista puedan tener un tratamiento especial, pero de ahí a no considerar a ninguno de los treinta y siete compañeros que sí dieron un paso adelante y se sometieron al veredicto del resto de compañeros, va un abismo y la falta de un verdadero espíritu democrático.

Además, nosotros que nos pasamos el tiempo exigiendo el cumplimiento de  las leyes y las normas, parece que nos hemos saltado en toda regla el artículo 56 de los Estatutos. En este punto me gustaría saber cuál ha sido la opinión de Francisco Sosa Wagner sobre el resto de candidatos, opinión preceptiva según el citado artículo 56, punto b.

Con este precedente, ¿como pretende la dirección actual del partido incentivar la participación política de los afiliados, si el que se decide a participar después es ignorado y apartado? ¿O quizás es eso, que lo que se pretende es que nadie se mueva sin contar con la aprobación previa?

Es poco ético y estético, que en el partido que promueve la regeneración política y la participación de todos en igualdad de condiciones, el espíritu que refleja la  cita de Alfonso Guerra, “El que se mueva no sale en la foto”, sea el que  presida la actuación de la actual dirección de nuestro partido. No sé, compañeros, tanto los que sin querer ver ni oír justificáis con entusiasmo todas actuaciones de la actual dirección, como todos los que por mil razones no hacéis oír vuestra voz, pensad por un momento donde ha acabado el partido socialista por aplicar ese espíritu y no haber sido capaz de escuchar las muchas voces críticas que auguraban el desastre.

Y que nadie se equivoque, no estoy cuestionando la valía personal y profesional de los candidatos, simplemente que esto es política y en política no solo hay que serlo, sino parecerlo. Si los nueve candidatos que acompañan a Sosa Wagner en los primeros puestos son los más adecuados para los intereses de UPyD, pues se explica a todos los afiliados, se presentan a primarias y se les elige antes que nombrarlos a dedo, (salvo que nuestro estilo sea más parecido a los viejos partidos, PP y PSOE). Ser nombrado a dedo en un partido que presume de regeneración política no creo que sea lo más prestigioso, aunque, igual sí, es lo más beneficioso.

Todo este asunto es más incomprensible si tenemos en cuenta las expectativas electorales y el que la mitad de los elegidos para completar la lista ya son cargos del partido o ocupan responsabilidades laborales dentro del partido.

También quería comentar un par de detalles, uno me resulta curioso y otro me cuesta admitirlo en esta lista. Son detalles que están relacionados con las vicisitudes políticas de aquí, de Catalunya.

Si la presencia en la organización del partido de personas provenientes de C,s es habitual, incluido el Consejo de Dirección, el que en esta lista vayan tres personas con un pasado muy significativo en C,s, realmente me sorprende y espero que sea positivamente.

Una de estas personas es quién ocupa el puesto número cinco, Enrique Calvet Chambón, que salvo que haya una coincidencia extraordinaria, es quién ocupó el cargo de Presidente del Consejo General de Ciudadanos hasta poco antes de las anteriores elecciones europeas. Es curioso que, a pesar de desarrollar una actividad política,  no haga mención en su perfil de esa experiencia.

Otra de las personas relacionadas muy directamente con C,s es Teresa Giménez Barbat, en el número seis, que en su perfil se declara miembro fundador de Ciutadans de Catalunya, asociación que derivó en C,s, y que llega a decir, en una entrevista de hace un par de años, que también de ese movimiento surgió UPyD y que nuestra líder, Rosa Díez, quiso entrar en C,s. (La Voz de Barcelona, hoy Crónica Global, 3/05/2012).

La tercera persona, que yo recuerde, (igual hay alguna más), relacionado con C,s es Carlos Silva Campañón, en el puesto veintiocho, que también parece que tiene algún tipo de pudor a decir que fue el asesor parlamentario de C,s durante la VIII legislatura del Parlamento de Catalunya y emplea el término grupo mixto.

Todo el mundo conoce mi opinión y espero que esto sea el principio del acercamiento entre UPyD y C,s, aunque me preocupa eso que afirma Giménez Barbat de que Rosa Díez quiso entrar en C,s y no pudo ser.

 El segundo detalle del que he hablado y que me cuesta admitir es referente a la persona que ocupa el puesto número cincuenta, José Conde Pérez, concejal del PSC durante veinticuatro años en el ayuntamiento de L’Hospitalet. Y lo que me cuesta admitir es que una persona con sus características políticas, veinticuatro años de concejal y que exige primarias cuando el nuevo equipo de gobierno del  ayuntamiento de L’Hospitalet no cuenta con él,  venga ahora  a UPyD, y lo primero que hace es saltarse a la torera las elecciones primarias y aceptar un nombramiento a dedo. No es ético ni admisible, especialmente cuando a los que sí se han presentado a primarias no los han incluido en la lista. Desde luego, la responsabilidad hay que buscarla en quién ha permitido esta tropelía. Esto sin tener en cuenta sus declaraciones remarcando que “no está en contra del derecho a decidir”, (e-Noticias, 5/07/2013).Alguien debería dar explicaciones.

Ignoro si con el resto de personas de la lista hay alguna incidencia similar a las que comento; como he dicho, mis comentarios se limitan a mi experiencia aquí en Catalunya.

Como dije al principio, la lista electoral debería reflejar nuestros valores y nuestra oferta a la sociedad y, la verdad, esta lista deja mucho de desear. Con el agravante de que ni la situación política ni nuestras expectativas de voto hacían necesario forzar la lista hasta estos extremos.


Angel Milla

viernes, 11 de abril de 2014

NO APRENDEMOS

Se acerca el fin del plazo para inscribir los candidatos para las próximas elecciones europeas y  no hay señales de que los partidos que defienden la regeneración política y la idea de la España democrática estén trabajando por presentar una lista conjunta que les augure la posibilidad del éxito. Más bien parece, a tenor de las informaciones que circulan estos días, que el asunto va en sentido contrario.

En unos momentos en los que a una dura crisis socio-económica se junta, otra vez, el desafío al Estado por parte de la clase dirigente de Catalunya, es incomprensible que, otra vez, las fuerzas políticas que defienden la idea de España sean incapaces de ponerse de acuerdo para resolver definitivamente el grave problema que arrastramos desde hace más de trescientos años.

Ahora que aquí en Catalunya se pretende revivir unos hechos ocurridos hace trescientos años que, lejos de ser dignos de recuerdo, deberían ser motivo de vergüenza y que deberían ser recordados como uno de los mayores fracasos colectivos de los españoles, sería beneficioso el volver a estudiarlos y ver las nefastas consecuencias que acarrea el que personas, dirigentes o grupos políticos que dicen defender España, no sean capaces de colaborar juntos para defender, precisamente España y arriesguen el futuro de España por vanidades y egoísmos partidistas y personales.

En aquel momento, cuando la Ilustración empieza a triunfar en Europa, y aquí en España asistimos, por simples cuestiones biológicas, al final de un sistema monárquico, las clases dirigentes de España no solo no fueron capaces de ir hacia un sistema más democrático y equitativo, si no que arrastraron a España a una Guerra de Sucesión insensata y cruel, que aunque la historia dice que la ganó Felipe V,  por encima de todo la perdió España en su totalidad, que puso la vida de sus ciudadanos, catalanes incluidos, además de perder todas sus posesiones europeas fuera de España, Gibraltar y el monopolio del mercado americano.

Ya en el año 1931, por primera vez en España, y en un momento en el que el mundo está inmerso en una grave crisis económica y social, (como ahora),  se pasa de un sistema político a otro de una forma pacífica. Y esto es debido a que en el año 1930,  casi todos los partidos republicanos dejan a un lado sus ambiciones particulares y deciden colaborar para  superar definitivamente una Monarquía inoperante, acabar con la alternancia entre liberales y conservadores, poner fin al sistema caciquil  y regenerar la vida política de España, dando lugar al Pacto de San Sebastián.

Este ambiente político de colaboración entre las fuerzas republicanas, al que se unieron las fuerzas socialistas,  provocó el fin de la Monarquía y dio como fruto la Constitución del año 1931 y el gobierno de España hasta el año 1933 por la izquierda política.

Durante estos dos años la derecha monárquica y católica, que había sido ampliamente derrotada en las elecciones del año 1931,  se dedica a reorganizarse y, con el liderazgo del partido Acción Popular, teje una amplia coalición, a imagen y semejanza de la lograda por los partidos republicanos dos años antes, que daría origen a la  CEDAEl resultado fue que en las elecciones de noviembre de 1933, en las que por primera vez votaron las mujeres, la CEDA se alzó con el triunfo, volviendo a ratificar que para cambiar realmente la política del país es imprescindible el generar amplios movimientos de colaboración.

Antes de la sublevación del General Franco se volvieron a celebrar elecciones en febrero del año 1936 y en esta ocasión, aprendiendo de las dos elecciones anteriores, las fuerzas de izquierda crearon otra vez, en un primer momento por encima de los intereses particulares de los diferentes líderes políticos, un amplio frente común, el Frente Popular, que ganó las elecciones.

El espíritu de colaboración que presidió en un primer momento la creación del Frente Popular, enseguida desapareció y la acción de gobierno se troceo en compartimentos en los que cada líder político actuaba más en función de sus intereses partidistas y personales que no en función del interés general. Se volvía a la vanidad y egoísmo de los dirigentes políticos de este país. Es probable que si el gobierno hubiera sido sólido y estable, si todos los partidos políticos hubieran defendido la idea de España y no la suya particular, hubiera sido muy difícil que la sublevación militar se consolidara. De hecho, en un primer momento la sublevación fracasó, pero la ineptitud, el exceso de confianza y la búsqueda de réditos partidistas hicieron que la acción de gobierno no fuera lo contundente que tenía que haber sido.

Las consecuencias de estos hechos están en la mente de todos, una cruenta guerra civil y una dura y larga dictadura. Dictadura que solo se acabó, por cuestiones biológicas, con la muerte del General Franco, porque los españoles no pudimos, o no supimos o no estábamos preparados para asumir nuestro destino.

Acabada la dictadura, y contra todo pronóstico y para asombro del mundo, se gestó en España un amplio consenso político por el cual todos los líderes políticos cedieron en sus pretensiones partidistas y personales  por la idea de España.

Este amplio consenso político se personificó en Adolfo Suarez que aglutinó en UCD a la mayoría de partidos de centro derecha, creando un partido político que fue capaz de gobernar España en aquellos difíciles momentos. Por encima de los panegíricos  dedicados a Adolfo Suarez que hemos escuchado estos últimos días, la idea que queda de la Transición es la de un momento político en que  los líderes de un numeroso grupo de partidos políticos, situados en un ámbito político similar, fueron capaces no solo de abandonar sus ambiciones personales, si no de comprender que la única forma de superar la situación político-social creada por la dictadura de Franco era la de colaborar todos juntos.

Lamentablemente, pronto olvidaron estas buenas ideas y las luchas de poder y las ambiciones personales de los líderes de los diferentes partidos que integraban  UCD estuvieron a punto de propiciar que, en Febrero de 1981, nos hundiéramos otra vez en el pozo de la historia. En esta ocasión los tiempos eran otros y Europa no estaba dispuesta a tolerar un paso atrás y se impuso la sensatez.

Pero también en esta ocasión fue fundamental la unión y la colaboración entre partidos. Si la transición de la dictadura a la democracia fue dirigida por una amplia coalición de centro derecha, el asentamiento de la democracia fue dirigido por una amplia conjunción de fuerzas de centro izquierda alrededor del socialismo.

Después de treinta años de democracia y cuando en la opinión pública se había instalado la idea de que los viejos demonios no iban a volver a aparecer, ha bastado una amplia crisis económica junto a una grave crisis  política, caracterizada por la corrupción y por la falta de un liderazgo serio y responsable, para que de repente vuelvan a surgir los líderes visionarios, que hacen del rencor y del populismo más primario sus armas políticas y que no dudan en enfrentar entre sí a  los ciudadanos con tal de conseguir sus delirios personales.

Y es en este punto donde se  corre  el riesgo de volver a fracasar si no se es capaz  de configurar una gran coalición que regenere la acción política y que sea capaz de mantener y defender la idea de España y de su estado democrático definido por la Constitución de 1977.

Es muy difícil que, como ocurrió con el partido Liberal y con el partido Conservador hace ochenta años, que el PP o el PSOE, inmersos en una crisis de corrupción y liderazgo,  sean capaces de regenerar la vida política de España.

Esta tarea debería ser asumida por partidos como UPyD o C,s, pero no solo de palabra sino de obra. El actual planteamiento de estos partidos, uno empeñado en no colaborar con nadie y el otro empeñado en ampliar su influencia, no augura nada bueno y solo nos lleva al fracaso común.

En la actualidad sería imprescindible que UPyD, por su mayor presencia pública a nivel nacional, liderara un movimiento político que representara para la España actual lo que representaron en su momento la CEDA, el Frente Popular, la UCD o el movimiento socialista que llevó al PSOE al poder. Lamentablemente, parece que la actual dirección de UPyD está más preocupada por mantener un férreo control sobre el partido, manteniendo una estructura mínima, y por apoyar su acción política en una crítica implacable al Gobierno y a otros partidos políticos, muchas veces rayana en el populismo y en la demagogia. Es probable que en estos tiempos esta forma de actuar lleve  a UPyD a conseguir cierta cuota de poder, pero simplemente eso, cuota de poder, no capacidad ni poder para regenerar la vida política de España. UPyD pasará a ser un partido similar a PNV y CIU, partidos imbuidos de delirios mesiánicos y en los que la opinión del jefe nunca se discute, se acata, y que se dedican a negociar su apoyo parlamentario en función de sus intereses particulares.

Pero no es solo UPyD quién debería cambiar su forma de actuar, también la dirección de C,s debería hacer todos los esfuerzos posibles por allanar el camino hacia la colaboración y ser consciente que C,s en solitario tampoco va a poder  defender con éxito la idea de España ni conseguir la regeneración de la vida política, ni aquí en Catalunya ni en España. La actitud de la actual dirección de C,s lanzándose a una carrera por ampliar su presencia política es un camino que, aunque desde el punto de vista partidista pueda parecerles positivo, desde el punto de vista de los ciudadanos es totalmente erróneo, solo lleva a la confrontación y a la desunión y, consecuentemente, a la pérdida de fuerza política.

Y mientras no se consigua esa coalición que aglutine las fuerzas políticas que defienden una misma idea de España y su modelo democrático, continuarán surgiendo pequeños partidos y organizaciones políticas que provocarán la división de  la supuesta capacidad de regeneración política de la sociedad española, facilitando que los actuales PP y PSOE sigan gobernando España. 

Pero, en definitiva, los responsables últimos de este sin sentido somos los ciudadanos, especialmente los afiliados o simpatizantes de UPyD en lo que respecta a UPyD, que no somos capaces de, junto a cualificadas voces, obligar a la actual dirección de UPyD a buscar la unión con otras fuerzas políticas. Esa unión, que en un alarde de cinismo político, dice la dirección de UPyD que hace la fuerza, tal como leemos en el lema de la campaña para las próximas elecciones al parlamento europeo. En esto de los lemas, la verdad, apenas hay  diferencia entre los dos partidos.

Y estas elecciones al Parlamento Europeo son una buena ocasión para presentar una amplia coalición, formada por los partidos que tienen ideas afines, que defienda a España y a su democracia tal como la entendemos una mayoría de españoles. Sería bueno que se impusiera la sensatez y el interés de España, si no, todos lo lamentaremos.

Angel Milla

lunes, 10 de marzo de 2014

YO PREGUNTO

Definitivamente parece ser que, de no darse alguna circunstancia extraordinaria, la unión, coalición o simple colaboración en un objetivo común entre UPyD y C,s es algo imposible.
Si España no se encontrara en la situación en que se encuentra, y con muchas posibilidades de que no solo que no mejore, si no de que empeore todavía más debido a la irracionalidad nacionalista y a la irresponsabilidad del PP y del PSOE, se podría entender ese pensamiento único de  empeñarse en ir en solitario, abandonando toda posibilidad de aunar esfuerzos para resolver los problemas de los ciudadanos ahora y no mañana, y cifrando el cumplimiento de su obligación de resolver los problemas de los ciudadanos a conseguir una hipotética fuerza parlamentaria suficiente,  y yo no preguntaría.
Pero la situación es la que es y los problemas de los españoles están ahí, y porque creo que el cometido fundamental de los partidos es buscar la solución a los problemas reales de los españoles y no actuar en función de intereses personales o partidistas es por lo que pido respuestas serias y fundamentadas.
Yo Pregunto, ¿Por qué, cuando la historia parece que vuelve a darnos una oportunidad, y existe la posibilidad real de crear, no la tercera España, si no España, la líder de un partido  como UPyD, que es fundamental para conseguir ese objetivo, se obstina en no colaborar en la creación de un movimiento transversal desde Catalunya a Andalucía; desde Andalucía al País Vasco y desde Galicia al País Valenciá?
Yo Pregunto, Es democrático que un líder de un partido político, que presume de  liderar la regeneración política, se niegue a considerar la colaboración con otro partido, que defiende los mismos objetivos políticos, simplemente porque así lo considera él?  ¿Se imaginan al Sr. Rajoy o al Sr. Pérez Rubalcaba  diciendo que de, y aquí pongan Vds. el tema que quieran, no se habla porque ellos lo han decidido así? Supongo que todo el mundo conoce los calificativos que les dedicaría nuestra líder Rosa Díez además de que un comportamiento de ese tipo nos retrotrae a tiempos que no por pasados están olvidados, especialmente aquí en Catalunya.
Yo Pregunto, ¿Con qué criterios y en base a que atribuciones Rosa Díez considera que la decisión de no colaborar con C,s es una decisión inamovible? Creo recordar que el anterior Consejo Político aprobó una propuesta de Rosa Díez y su Consejo de Dirección en ese sentido hace ya dos o tres años, aunque nunca vi publicada una resolución del Consejo Político sobre este asunto.  Pero ahora que hay un nuevo Consejo Político, que además este tema no se trató en el II Congreso, (por la negativa expresa del Consejo de Dirección a admitir ninguna enmienda en ese sentido), y a la luz de los últimos movimientos políticos y lo que parece que dicen las encuestas sobre el tema, ¿No sería el momento de plantear la situación abiertamente y explicar qué razones políticas avalan esa decisión de no colaborar con C,s., cuando nadie discute que esa colaboración sería beneficiosa para los intereses de los ciudadanos españoles?. Para los actuales dirigentes igual no era tan beneficiosa, ya que habría que compartir responsabilidades y decisiones, con lo que eso conlleva, pero claro, el dilema está en ¿personas o  partido?...
 Yo Pregunto, A pesar de lo que muchos todavía queremos creer, de que UPyD es un partido nuevo donde lo importante son las personas y las ideas, ¿Se ha convertido en un partido viejo donde lo único que cuenta es la opinión o los intereses del líder? ¿Está segura Rosa Díez que su opinión negativa acerca de la colaboración de UPyD con C,s es mayoritaria entre  los afiliados y simpatizantes de UPyD? Porque si esto no es así, esa intransigencia acerca de la colaboración con C,s  sería  algo más que una postura poco democrática.
Yo pregunto, Si la historia demuestra de una forma inequívoca, que cuando dos formaciones que defienden postulados similares, (en el caso de UPyD y C,s son prácticamente iguales), se presentan a unas elecciones por separado sus resultados son peores que si hubieran ido juntos y acaban perjudicando por ambición partidista los intereses de los ciudadanos a los que dicen defender, entonces, ¿Por qué Rosa Díez se empeña en negar esa posibilidad? ¿Qué intereses tiene? ¿Qué teme perder? Prácticamente todas las  personas que con alguna relevancia han apoyado  a UPyD o han mostrado su simpatías a UPyD, son partidarios de que UPyD y C,s colaboren en la creación de un amplio movimiento que sirva de revulsivo para la política española ahora, no dentro de no sé cuantos años.
Para acabar dos preguntas relacionadas con lo que yo considero que es fundamental para regenerar la acción política, la ética política y el respeto a los procedimientos democráticos.
Yo Pregunto, ¿Qué clase de partido político es UPyD que después de haber paseado por toda España a Fernando Savater, presumiendo de contar con su prestigio ético, que él con ilusión aportó a la hora de crear y hacer crecer a UPyD, y de haber recibido su colaboración desinteresada, ahora, cuando expresa una opinión que no le gusta a Rosa Díez, es reducido a la condición de simple afiliado?  Fernando Savater, ¿Un simple afiliado? De vergüenza. Rosa Díez debería dar una explicación por qué en esta ocasión considera la opinión de Fernando Savater como la de un más. No sé, compañeros y compañeras, esto me recuerda al uso que han hecho de determinadas personalidades las direcciones del  PSOE y del PP, entre otros. Queríamos regenerar la política española y, a las primeras de cambio, presentamos los mismos defectos. Y lo más vergonzoso de todo es que nadie dice nada. ¿A nadie le escandaliza este comportamiento?
Yo pregunto, Hablando de escándalos y de silencios cómplices, ¿Nadie tiene nada que decir acerca de lo ocurrido en las elecciones al CT de Murcia?. ¿Es que a partir de ahora, UPyD pretende que habladurías que corren por la red sirvan para invalidar procesos electorales? ¿Os imagináis en qué situación de indefensión se encuentran el Sr. Rajoy, el Sr. Rubalcaba, nuestra propia líder, ante todo lo que se publica de ellos en las redes sociales? Compañeros y compañeras de UPyD, ¿Veríais democrático que se anularan unas elecciones porque un candidato, digamos el Sr. Rajoy, protestara por todas los calificativos que le dedica nuestra líder y rival electoral?  Entonces, ¿Por qué calláis? ¿Alguno de vosotros conoce, al margen de sistemas autoritarios o repúblicas bananeras, algún precedente? ¿Qué ocurre con los derechos constitucionales de todos esos compañeros y compañeras que fueron a votar libremente y que sin sentirse coaccionados, emitieron su voto? Es lamentable pero la realidad es así, un puñado de escaños, concejalías o cualquier otro cargo embotan el cerebro, nublan la vista y enmudecen las bocas.
¿Esta es la idea de la regeneración política que hace seis años prometió Rosa Diez y que a muchos nos cautivó? Si la idea de la regeneración política se refiere únicamente a crear un partido esquelético y a dedicarse a airear las maldades de las políticas del gobierno de turno, para que apoyado en la publicidad política conseguir unos resultados electorales, pero sin corregir de palabra y obra los problemas que aquejan al sistema político español entonces, compañeras y compañeros, tenemos un grave problema.
Saludos.

Angel Milla

domingo, 27 de octubre de 2013

CRÓNICA DE … ANUNCIADA

Lo que se rechazaba de una forma incomprensible, (y con pobres argumentos),  y además desde la dirección de UPyD no se quiso ver, acaba de  materializarse. C,s , dentro de un proceso lógico y totalmente previsible, se vuelve a presentar a nivel nacional. Y esta vez parece que la decisión no se ha tomado a la ligera, como ocurrió cuando C,s  se presentó a las elecciones generales de 2008, ni apareciendo con extraños acompañantes, como ocurrió en las elecciones europeas del año 2009.
Del análisis del movimiento realizado por C,s se desprende una única y clara conclusión, C,s pretende hacer lo mismo que  UPyD, y esto, dependiendo como se gestione y qué pasos se den a partir de ahora, no solo es inconveniente para UPyD, sino que es inconveniente para España. Y no podemos caer en la descalificación pueril de C,s con argumentos del tipo “nosotros ya estábamos aquí” o similares. C,s ha tomado una decisión política que nos afecta y hay que actuar en consecuencia, guste o no. Bueno, también se puede aplicar el estilo del Presidente del Gobierno, esto es, no hacer nada y esperar que el tiempo resuelva.
El manifiesto publicado por C,s, aunque formalmente quién lo publica es la plataforma denominada Movimiento Ciudadano, coincide punto por punto  con ideas programáticas de UPyD. Se podría esperar que algunas de estas ideas matizarán algún aspecto del ideario de UPyD, pero ni eso es posible encontrar en el citado manifiesto.
Anunciando una presentación a nivel nacional, C,s priva a UPyD de uno de sus más característicos eslóganes, el de ser un partido nacional que dice en todos los lugares de España lo mismo.
Y si en los ideales y en el ámbito de actuación el parecido conseguido es extraordinario, también C,s consigue un gran parecido en lo referente a las personas, al incorporar a este plataforma la figura del ex ministro socialista Antoni Asunción, además de las diferentes personalidades que, desde diferentes ámbitos, han manifestado un claro apoyo al líder de C,s
La forma en que C,s da este paso es interesante y se presta a dos interpretaciones. Una es que ante la incertidumbre del apoyo que pueda generar C,s en el resto de España, y para no comprometer al partido, se crea una plataforma que, si no genera el apoyo esperado, se disuelve sin más. Otra interpretación es que, sabiendo que un enfrentamiento con UPyD conlleva unos riesgos elevados, además de ser tremendamente perjudicial para los ciudadanos, se ha preferido dar un paso intermedio, con el que se anuncian unas intenciones, pero dejando un amplio margen para la negociación política.
Independientemente de estas dos interpretaciones, la realidad es que este movimiento es el primer paso de C,s en el ámbito nacional. Y este primer paso lleva directamente a encontrarse con UPyD en las próximas convocatorias electorales.
Y ante este hecho cabe preguntarse, parafraseando al premio Nobel, ¿Estamos ante la crónica de una unión anunciada o ante la crónica de un enfrentamiento anunciado?
En el primer caso los ciudadanos, y con ellos España, ganarán y en el segundo caso, quizás uno de los dos partidos llegue a superar al otro, (o lo parezca), pero los ciudadanos y España perderán otra gran oportunidad.
Ya lo he expresado muchas veces, la unión de UPyD y C,s daría lugar a un gran partido de centro que, cuando menos, sería un contrapeso fundamental para corregir políticas erróneas del PP y del PSOE. Y es más que probable que fuera un extraordinario socio de gobierno.
Que esta unión depende de que las direcciones de los dos partidos tengan voluntad real de unirse es obvio, (no creo que sean los afiliados los que se oponen a esa unión o colaboración),pero una de las dos tendrá que dar un primer paso en esa dirección. Hasta ahora UPyD siempre ha rechazado los hipotéticos pactos que ha propuesto C,s sin llegar a considerarlos, con lo que no se ha podido evaluar la realidad de esos hipotéticos pactos. Ahora C,s ha puesto en marcha una plataforma para aglutinar a una sociedad civil que comparte unos ideales reflejados en el manifiesto publicado. Ideales que coinciden con los ideales defendidos por UPyD.  Estas dos circunstancias, el que sea una plataforma ciudadana lo que propone C,s y el que los ideales sean prácticamente los mismos, deberían facilitar el acercamiento de UPyD a C,s Si desde UPyD se piensa en los intereses de los ciudadanos por encima de los intereses de partido, UPyD debería aprovechar la ocasión, antes de que esta plataforma se derive formalmente en el partido político Ciudadanos, para apoyarla y firmar su manifiesto. E iniciar de esta forma un proceso de evaluación y sondeo de la voluntad de C,s de llegar a un pacto político por España. Así mismo, si en C,s domina el interés por los ciudadanos  y por sus problemas y no el mero interés partidista, también mostrará su voluntad por el acuerdo.
Ya he insistido muchas veces  en que el enfrentamiento no lleva a ningún lado, más allá de satisfacer la vanidad personal de los líderes de ambos partidos, y que por separado ninguno de los dos partidos van a llegar a ser verdaderas alternativas de poder. Como mucho, lo más previsible es que puedan ser decisivos en alguna ocasión, como partidos minoritarios, para formar gobierno y esta circunstancia, cuando se ha dado y se ha dado demasiadas veces, no ha sido especialmente buena para los intereses generales de España.
Ya que C,s ha decidido tomar esta iniciativa política cuando en UPyD estamos a las puertas de celebrar nuestro congreso, aprovechemos la ocasión para tomar una gran decisión política y retomar la iniciativa.
En definitiva, espero que por el bien de España estemos ante la crónica de una unión anunciada y no ante la de un enfrentamiento.

Angel Milla

viernes, 19 de julio de 2013

DE LOS PARTIDOS POLITICOS


Leyendo la prensa actual, escuchando las informaciones de radio y televisión, y observando la realidad española, da la sensación de que todo se hubiera hecho mal en España en los últimos treinta años y que es necesario hacer reformas en profundidad.
En que hay que hacer reformas en profundidad no hay ninguna duda, el problema es en determinar en dónde hay que hacer esas reformas. Y en primer lugar habría que empezar por determinar qué es lo que se ha hecho bien, qué es lo que, aún habiéndose diseñado bien, no se ha sabido aplicar o realizar bien y qué es lo que se ha hecho lisa y llanamente mal.
En mi opinión, una de las cosas que se han hecho bien es  la Constitución, el  establecimiento de la democracia, la implantación de los partidos políticos  y el desarrollo del estado de derecho. Pero estos logros, objetivamente positivos, han quedado empañados por el hecho de que debido a la falta  de experiencia democrática de la sociedad, ésta  no ha sabido acabar de desarrollarlos en profundidad ni de beneficiarse en toda su amplitud de los mismos. Es más, la sensación de que  todos estos logros sólo han servido para que determinados grupos de personas se hayan enriquecido a costa de los demás es una dura realidad.
No hay duda de que en política, cómo en cualquier otro aspecto de la realidad, cuando hay que analizar por qué no funciona algo hay que empezar por lo fundamental. Y lo fundamental en la vida política de España son los partidos políticos, tal como establece nuestra Constitución, (art. 6).
Entre todas las propuestas de reformas que hacen los partidos políticos brillan por su ausencia, o por su poca profundidad, las referidas a la reforma del funcionamiento de los propios partidos  que los ciudadanos están reclamando. Aunque es cierto que  últimamente se empiezan a ver artículos reclamando una profunda regulación del funcionamiento de los partidos.
Una de las carencias de nuestra Constitución y del posterior desarrollo legislativo es, precisamente, el no haber definido con exactitud y concreción el tipo de asociaciones que son los partidos políticos, determinando, más allá de la escueta exigencia del funcionamiento democrático, qué obligaciones y derechos atañen tanto a los propios partidos como a sus afiliados.
A la hora de constituirse los partidos políticos, a pesar de su carácter fundamental dentro de la actividad política, no tienen más que cumplir la legislación común a cualquier asociación. Y es precisamente esta equiparación a cualquier asociación lo que impide una mayor regulación, al ser el derecho de asociación también un derecho fundamental que no puede ser limitado, salvo lo que establezcan las propias normas de las asociaciones. Por supuesto que estas normas no pueden ser contrarias  a la ley, pero dada la discrecionalidad de dichas normas, aún dentro de la ley, en el caso de los partidos políticos hacen que éstos acaben perdiendo  su capacidad de representación social para convertirse en organizaciones que sólo sirven a las élites que dominan dichos partidos. Élites que en lo último que piensan es en promover una eficaz regulación del funcionamiento de los partidos y que ya les viene muy bien el que el poder judicial, fiel a su tradicional  mirar hacia otro lado, cuando les llega alguna reclamación sobre algún comportamiento interno no democrático de los partidos políticos,  se agarren al derecho constitucional de libre asociación y zanjen el asunto  sin entrar en el fondo de la cuestión y haciendo caso omiso de su deber constitucional de ser garantes de los derechos fundamentales de los ciudadanos, incluso  frente a los posibles derechos de los partidos.
 Esta falta de regulación ha hecho que los partidos políticos sean entes casi ajenos a cualquier tipo de control, con lo que han generado unas estructuras orgánicas de poder que tergiversan totalmente su papel como transmisores de la voluntad de los ciudadanos.  Y es de señalar que la grave situación por la que atraviesa España, deriva principalmente del anómalo funcionamiento de  organismos cuya regulación ha sido prácticamente inexistente, partidos políticos y entidades financieras, entre otros. Las entidades financieras parece ser que sí están siendo ahora sometidas a una adecuada regulación, pero sin asumir ninguno de sus errores ni sus responsabilidades.
Un primer tema interesante para empezar a analizar su regulación es el asunto de la propiedad que, en el caso de  entidades financieras, asociaciones y otras entidades en general  suele estar  claro, en cambio, en  el caso de los partidos políticos se presta a interpretaciones, por lo menos a interpretaciones de interés político.
Normalmente, en el caso de la mayoría de entidades  el objetivo de las mismas solo atañe a sus propios socios, al reducido grupo de beneficiarios de sus acciones y a los que hacen uso de sus servicios. En cambio, en el caso de los partidos políticos la propiedad de los mismos en donde reside, ¿en las élites que los crean o dirigen?, ¿en el conjunto de sus afiliados?, o ¿son los ciudadanos, en su conjunto, los propietarios reales?
En el primer caso la respuesta es rotundamente no, aunque en la actualidad en España, y por falta de regulación y de cultura colectiva democrática, la realidad es que esas élites se comportan y actúan como dueñas absolutas de sus respectivos partidos. En el segundo caso, y atendiendo a su condición de asociaciones y por similitud con estas, la respuesta más lógica parece ser la afirmativa.
Pero si nos atenemos a su condición de ser fundamentales para la participación política, tal como establece la Constitución,(art. 6),  con carácter exclusivo,  a que su financiación es pública en porcentajes cercanos al cien por cien y a cómo nuestro Código Civil define la propiedad, (C.C.art.348), la respuesta puede prestarse a otras interpretaciones.
Si nos atenemos a la definición de propiedad del Código Civil, parece que son los ciudadanos en su totalidad los que ostentarían la propiedad de los partidos políticos ya que son los únicos que, en su totalidad,  tienen derecho a “gozar y disponer de los mismos” Esta idea estaría reafirmada por el hecho de que la financiación de los partidos políticos es pública casi en su totalidad.
 En este planteamiento, los partidos políticos deberían ser considerados como un servicio más del Estado, como la Seguridad Social, la Administración de Justicia, Educación, etc., y estar sometidos a una regulación más adecuada para cumplir el fin que la Constitución les encomienda. Una regulación que impidiera que los partidos políticos vivan encerrados en sí mismos, dominados por unas élites que coartan la participación política hasta de sus escasos militantes y que sólo buscan su permanencia en el poder. Una regulación,  que a la vez, facilitara la participación activa de los ciudadanos en la actividad política y obligara a los partidos políticos a contar de una forma real con los ciudadanos y no solo a buscarlos el día de las votaciones.
Esta regulación debería establecer normas precisas para la celebración de los congresos generales de los partidos, adecuando su frecuencia a uno o dos años, tal como ocurre en otros países de Europa; establecer el nivel competencial de la organización territorial, a semejanza de cómo ocurre en la organización del Estado, estableciendo límites claros a los derechos y obligaciones de cada uno de los niveles en que cada partido se organice; establecer como principios rectores de la vida interna del partido los reflejados en la Constitución, respetando  escrupulosamente los derechos fundamentales de todos los afiliados  y determinar normas precisas, y todo lo amplias que sean necesarias, para asegurar una total transparencia en la gestión de los partidos políticos.
Toda esta regulación no serviría de nada si, como ocurre en cualquier ámbito de las actividades humanas, no hubiera una financiación necesaria y suficiente para que los partidos políticos cumplieran su papel fundamental de instrumento de la participación política.
En la actualidad la financiación pública está condicionada por los resultados electorales, pero estos no reflejan con exactitud las preferencias de los ciudadanos españoles debido al reparto de escaños que establecen las diferentes legislaciones electorales. Y es el número de escaños o de concejales obtenidos los que determinan los fondos públicos a obtener por los partidos políticos, por lo que el principal objetivo de los partidos políticos es el conseguir esos escaños que les den acceso a la financiación pública, sin la cual no podrían subsistir.
Este sistema hace que los partidos estén más pendientes de obtener el apoyo de algún grupo mediático o financiero que les facilite el conseguir esos escaños, que no de conseguir el apoyo de un mayor número de afiliados.
Si la financiación de los partidos políticos estuviera  fundamentada en la afiliación, además de poder estar suplementada en función de los resultados electorales, obligaría a las direcciones de los partidos a cuidar su afiliación y a desarrollar políticas que la aumentaran. La actitud de las direcciones de los partidos políticos hacia sus militantes y hacia la población en general cambiaría de una manera radical si el nivel de financiación dependiera, en gran medida, de la afiliación.
Además del efecto beneficioso que para la democracia española tendría el que los partidos tuvieran que desarrollar políticas y actuaciones más cercanas a los intereses de los ciudadanos,( para lograr su afiliación), una financiación de este tipo también facilitaría el acceso a la actividad política  de ciudadanos que, aún reuniendo las condiciones y creando un partido político, no disponen de la necesaria financiación ni acceso algún grupo mediático o financiero que les permita desarrollar su labor política. La financiación pública basada en los afiliados también dificultaría que iniciativas políticas de interés para los ciudadanos cayeran en manos de grupos con capacidad para financiarlos, pero de dudoso carácter democrático.
Actualmente existen medios más que suficientes para controlar de una forma fehaciente el número de afiliados a cada uno de los partidos. A través de la cuota de afiliación sería muy fácil ese control y si además, para cumplir estrictamente con el principio de igualdad de todos los ciudadanos y de que nadie  tuviera que pagar más por participar en la política de su país, esa cuota de afiliación fuera directamente compensable en la declaración de la renta, la fiabilidad del control sería alta.
En cualquier caso, lo que necesita España con urgencia es una regulación precisa del financiamiento y funcionamiento de los partidos políticos, que su financiamiento sea más democrático y transparente y que su funcionamiento no quede al albur de lo que decidan los propios partidos, tal como establece la legislación actual, ya que está demostrado que lo que deciden es lo que beneficia a sus cúpulas dirigentes y no lo que es beneficioso y necesario para la sociedad en general. Y me refiero al funcionamiento y gestión interna de los partidos, no a sus propuestas de carácter ideológico o programático, donde no caben limitaciones, salvo aquellas necesarias e imprescindibles para la salvaguardia de la democracia.


Angel Milla

martes, 12 de febrero de 2013

ROSA DÍEZ, ¿SOLUCIÓN O PROBLEMA?



Acabada la dictadura del General Franco, por muerte natural, parecía que el siglo XX iba a acabar con la recuperación del tiempo históricamente perdido y que, por fin, tendríamos dirigentes políticos que se dedicarían a gestionar nuestros intereses desde la justicia, la libertad y la igualdad.


Vana ilusión. Lo que parecía un país  en libertad, justicia e igualdad ha quedado en lo que parece un sistema organizado para que unos pocos se hayan dedicado a esquilmar a todos los españoles. Sí, quizás libertad si que ha habido, pero más como coartada y como distracción de los ciudadanos, para que no nos diéramos cuenta de que nos estaban robando impunemente, que como objetivo real.


Y ante esta situación, los dos partidos políticos mayoritarios y  adláteres que les han apoyado, cuando han tenido la posibilidad  y el apoyo para gestionar este país con justicia e igualdad, lo único que han hecho es desertar de su obligación a las primeras de cambio, mirar hacia otro lado mientras auténticos sinvergüenzas se dedicaban a maquinar e intrigar para  desplumar al país entero y proteger y ocultar a los miembros de sus partidos que han participado activamente en este expolio. Partidos políticos que en vez de esforzarse en procurar el bienestar de los ciudadanos, se han dedicado a que sus  cúpulas dirigentes no perdieran sus particulares beneficios y cuotas de poder.


Como a principios del siglo XX ahora, a principios del siglo XXI, también el descrédito de los viejos partidos políticos ha alcanzado cotas escandalosas y sin que se den signos de una posible regeneración. Al contrario, cada día que pasa se hace más patente la imposibilidad de los dos grandes partidos, socialista y popular, de solucionar la situación. Son incapaces de ofrecer soluciones, más allá de culparse mutuamente por la situación actual y cifran todas sus esperanzas en la ayuda de Europa, a la vez que esconden sus incapacidades ante las condiciones de Europa, sin aportar realmente nada positivo.


Este panorama político presenta grandes similitudes con el que se daba hace cien años, donde el partido liberal y el conservador, amparando ambos el sistema monárquico, se desmoronaban ante el surgimiento de otras fuerzas políticas, más consecuentes  con los tiempos que se vivían de miseria y pobreza, como republicanos, radicales, comunistas y socialistas. Y todo esto, bajo la excesiva influencia de la iglesia católica, el resurgir de los nacionalismos vasco y catalán y la presencia inquietante del Ejército, que seguía traumatizado por las derrotas de finales del siglo XIX y buscaba rehacer sus glorias militares y que, afortunadamente, hoy por hoy es plenamente constitucional y alejado de cualquier veleidad intervencionista.


Como consecuencia de las  circunstancias indicadas al principio, y como ocurriera hace un siglo, de la sociedad civil han surgido en los últimos años varias iniciativas políticas, de las cuales dos se han consolidado en el panorama político español, C,s y UPyD. Ambos con perfiles ideológicos más difusos y transversales, como corresponde a los deseos de la sociedad actual, y siendo su ámbito ideológico el liberalismo progresista y el socialismo democrático.


Aunque los inicios de las dos formaciones presentan alguna diferencia en cuanto a los principios y circunstancias inspiradoras de su constitución, (en el caso de C,s., un movimiento que surge en Catalunya de la sociedad civil ante la necesidad de que  se respeten de una manera real y efectiva los derechos constitucionales, y en el de UPyD, un movimiento que con los mismo objetivos surge en el País Vasco, pero que acaba catalizando de la mano de Rosa Díez, especialmente en Madrid, el movimiento que se inicia un par de años antes en Catalunya), la realidad es que responden a una misma aspiración de los ciudadanos españoles, la aspiración de ser administrados, no solo en libertad, sino también con  justicia e igualdad. Lo ideal hubiera sido, tal como llegó a plantearse en UPyD, que ambos movimientos se hubieran desarrollado juntos, especialmente a partir del 2º Congreso de Ciudadanos, pero la inexperiencia de Albert Rivera y su equipo, unida a una insolente vanidad, digamos que juvenil, imposibilitó un proyecto político realmente esperanzador.


Lo que acabó por provocar y facilitar el distanciamiento de  los dos proyectos fueron los resquemores que quedaron del fracaso de las negociaciones iniciales y el  incomprensible error del intento de coalición con Libertas. Lo segundo provocó que  C,s. perdiera numerosos afiliados, pero sobre todo, sus estructuras de Madrid, Valencia, Andalucía y Aragón, (en el resto C,s. no estaba tan implantado y en Catalunya C,s. aguantó pero con una numerosísima pérdida de afiliados), y lo primero impulsó el que UPyD coaptara esas estructuras, opuestas frontalmente al pacto con Libertas, y se consolidara con extraordinaria velocidad, especialmente a partir del éxito electoral de las generales del 2008 y del deterioro de la situación política, económica y social. 


Pero ahora, ante la situación descrita y con los antecedentes que arrastramos históricamente en España, ¿está justificado ese distanciamiento?  O planteado de otra forma, ¿nos merecemos los españoles que, otra vez, los partidos que pueden significar y liderar un auténtico movimiento de regeneración política no sean capaces de ponerse de acuerdo por las ambiciones partidistas y personales de quienes los dirigen actualmente?


Ahora mismo, teniendo en cuenta los resultados de los últimos procesos electorales, los datos que arrojan encuestas realizadas recientemente y el clima de deterioro de sistema político, una hipotética  y deseable Unión de Ciudadanos Demócratas, formada por UPyD, C,s y  grupos afines, tendría unas expectativas de apoyo ciudadano que la colocarían, como mínimo, como la tercera fuerza política del país, transversal desde el punto de vista ideológico y desde el punto de vista de la implantación territorial, y acercándose a los dos actúales partidos mayoritarios.


El no consumarse una iniciativa de este tipo provocaría  una radicalización política; perder la oportunidad de evitar que los grupos nacionalistas condicionen la política española; la creación de una especie de frontera política entre Catalunya y el resto de España; la imposibilidad de que, tanto UPyD como C,s, puedan llegar a ser determinantes en la vida política española, más allá de apoyar circunstancialmente a otros; el aumento de la desafección de los ciudadanos ante la política al no tener una alternativa política seria y creíble de futuro y, lo más terrible, la posibilidad volver a repetir la historia, no en términos tan cruentos como en el pasado pero sí en términos de sufrimiento y pobreza social, como ya está ocurriendo.


Las posibilidades de ese pacto político pasan por la responsabilidad de UPyD, (porque es el único partido con capacidad actual para proponer dicho pacto), cuya dirección está obligada a poner a España por delante del propio partido y de las ambiciones personales de sus dirigentes y tomar las decisiones políticas necesarias para buscar ese pacto, aunque inicialmente no se pueda dar absolutamente por supuesto que la disponibilidad para el pacto manifestada en múltiples ocasiones por el líder de C,s, Albert Rivera, sea real, verdadera y sin condiciones personales, (quizás, después del éxito en la últimas elecciones autonómicas, esa disponibilidad haya podido quedar matizada).

España no está  en condiciones de esperar a que UPyD se consolide, dentro de no sé cuantos años, en todo el territorio nacional, España necesita soluciones ahora y necesita, sobre todo, un referente político que sea capaz de obligar al PSOE y al PP a un gran pacto de gobierno o, ante la negativa de éstos,  que sea capaz de asumir la gobernabilidad de España antes que el sistema político sea ocupado por multitud de grupos políticos, que no siempre manifiestan formas democráticas, y arrastren a España, otra vez, al pozo de la historia..


Este es el reto de Rosa Díez, seguir simplemente de líder de UPyD o aspirar a cambiar la historia de España buscando colaboración y sumando esfuerzos.

Angel Milla

jueves, 31 de enero de 2013

ACCION POLITICA


El pasado viernes, tal como estaba previsto, tuvimos una reunión con el responsable de Acción Política de UPyD y Diputado en el Congreso, Carlos Martínez Gorriarán,  y, en contra de las reservas que expresé en mi  anterior artículo, sí, se habló de política general y también de aspectos relacionados con UPyD Catalunya, aunque desde mi punto de vista y en mi opinión la reunión resultó decepcionante.

Decepcionante tanto por los aspectos formales como por las cuestiones de fondo sobre las que versó la propia reunión.

Realmente que a una reunión como la del viernes que, contando con la presencia del máximo responsable de Acción Política de UPyD, con la situación política existente en Catalunya y en España y teniendo en cuenta que en pocos meses se celebrará el segundo congreso de UPyD, sólo asistan una escasa treintena de personas es decepcionante.

Aunque lo realmente decepcionante es que, preguntado por esta circunstancia, el responsable de Acción Política de nuestro partido lo considere  como algo perfectamente normal porque es lo que ocurre en todos los partidos. Ya sabemos que en España la participación política deja mucho que desear y, tal como reflejan las encuestas, los partidos políticos no son los más valorados por los ciudadanos españoles, pero UPyD se creó con el convencimiento que esta desafección se producía con los partidos viejos, con los partidos con estructuras enquistadas y alejadas de los ciudadanos,  con los partidos que funcionan como un fin en sí mismo en vez de cómo un medio para defender los derechos de los españoles pero, ¿con UPyD también? ¿UPyD, el partido que tiene como objetivo la regeneración democrática de la vida política española, ya es igual de viejo que los demás? ¿Qué ha ocurrido para que, contando  con un ideario totalmente necesario para la sociedad española, obteniendo un innegable éxito electoral y habiendo disfrutado de  una  extraordinaria afiliación, ahora la participación esté reducida a mínimos y sean muchos más los que se han ido que los que nos hemos quedamos? Y espero que no haya ningún insensato vanidoso que piense que los que se han ido son mejores que nosotros.

Este sí que es un asunto para estudiar y aclarar en el próximo congreso y no si la estructura que marcan los Estatutos se adecua a la realidad o no. Realmente este partido se nos ha hecho viejo en cuatro días. Con la cuarta parte del país en paro; con miles de personas arruinadas por la codicia desmedida del mundo financiero, desesperadas por no encontrar justicia y con una crisis institucional de imprevisibles consecuencias, a UPyD, tal como nos comunica el máximo responsable de Acción Política, lo que se le ocurre es plantear una reforma orgánica, directamente relacionada con el control del partido, con el objetivo de reducir la estructura que marcan los Estatutos. No me atrevo a poner ningún calificativo, de todos los que se me ocurren, a esta iniciativa que me parece totalmente inapropiada, por decirlo suavemente. O sea, que lo que nos propone la dirección del partido es que, ante la pérdida incesante de afiliados, lo adecuado es reducir la estructura del partido. Pues no, no señor, (aparte de que resulta patético que en las circunstancias actuales UPyD dedique tiempo a estas cuestiones), que no se toque para nada la estructura territorial que tenemos, que el ver todos esos consejos locales sin afiliados sea un acicate para que el Consejo de Dirección realice la correspondiente autocrítica y encuentre las razones por las que dichos consejos se han quedado sin afiliados.

Evidentemente, la solución fácil es anularlos, aunque ante esa decisión  me pregunto, ¿UPyD no tiene intención de recuperar la implantación territorial que tenía hace cuatro años? ¿UPyD pretende realizar su acción política desde los medios de comunicación?

Desde luego, manteniendo la cuota de afiliación en los niveles en que está no se facilita ese aumento de afiliados. Más bien, contribuye a que muchos, más o menos descontentos con la dirección orgánica del partido, se vayan por lo elevado de la cuota. Estos días todos los afiliados hemos recibido una carta de Rosa Díez en la que se hace referencia expresa a este tema de una forma muy desafortunada. Por un lado se reconoce el problema de lo elevado de la cuota de afiliación y por el otro se abandona a los afiliados sin proponer una solución adecuada, más allá de constatar que muchos afiliados tienen que pasar por la desagradable situación de tener que solicitar la reducción de cuota. ¿No sería mejor y más democrático  para UPyD tener más afiliados  pagando una cuota normal que no pocos pagando la cuota más alta del panorama político español? Y esto sin tener en cuenta la manifiesta inconstitucionalidad de que para pertenecer a un partido político a los españoles se les discrimine por razones económicas. Otro tema que, en mi opinión,  también habrá que tomar en consideración en el próximo congreso.

Volviendo a lo que se habló en la reunión del pasado viernes, a día de hoy, todavía no tengo claro con qué  intención se hizo referencia a un expediente de expulsión que se ha  incoado a unos concejales de UPyD en un pueblo de Andalucía. Y no lo tengo claro por varias razones. En primer lugar, de todo lo que se nos contó, este asunto  era de lo más desconocido para todos y el que menos nos podía interesar; en segundo lugar, ¿se pretendía realizar algún tipo de advertencia?, y, en tercer lugar, ¿se pretendía, simplemente, enfatizar sobre algo que debería ser obvio en UPyD, esto es, que quién incumple los Estatutos o las decisiones legítimas del Consejo de Dirección responde de acuerdo con los propios Estatutos?

Me gustaría inclinarme por la tercera posibilidad, porque es la que coincide con mi idea de UPyD, y creo que con la de la inmensa mayoría, y porque también es la que refleja Rosa Díez en su carta a los afiliados. La supremacía de nuestros Estatutos y la igualdad de todos ante ellos.

Y digo me gustaría porque la realidad no es así. Desconozco con exactitud cuáles son las circunstancias en las que se les ha incoado expediente de expulsión a los citados concejales, pero si, tal como se nos dijo, han pactado a espaldas del partido y obtenido beneficio de dicho pacto, no hay nada que objetar. La corrupción económica hay que erradicarla de raíz, pero lo mismo que la corrupción política. En UPyD no podemos permitir el que se ocupen cargos al margen de lo establecido en los Estatutos. Y en esta idea pedí explicaciones a quién correspondía, lo expuse en mi anterior artículo y lo vuelvo a manifestar aquí, ¿por qué el Consejo de Dirección no toma las medidas estatutarias correspondientes  contra el miembro del propio Consejo de Dirección que está actualmente atribuyéndose la función de Portavoz del Consejo Territorial de Catalunya sin poder serlo? ¿Tienen diferentes obligaciones o derechos los citados concejales de Andalucía que un miembro del Consejo de Dirección?

Lo lamentable de este asunto es que cuando a este consejero se le llamó la atención sobre esta circunstancia, su contestación fue decir que es una tontería el preocuparse de estas cuestiones y manifestó su total indiferencia, (opiniones que parece ser que avala el responsable de Acción Política al hacer referencia expresa a inútiles querellas internas, preocupante), demostrando su profundo desprecio por las más elementales normas de comportamiento democrático. Hubiera bastado que el responsable territorial lo hubiera nombrado  miembro de su junta, y lo hubiera hecho públicamente, para que pudiera ser nombrado Portavoz por delegación, pero, claro, entonces se habría tenido que presentar ante la Asamblea para conseguir una ratificación que él, con toda la razón, la debe considerar incierta. Ha preferido saltarse los Estatutos antes que presentarse ante la Asamblea y poniendo en evidencia a quién lo nombró.

En esta reunión salió a relucir la palabra “virrey” y salió  en boca del responsable de Acción Política para, como no podía ser de otra forma, dejar claro que en UPyD no se nombran virreyes. Y, evidentemente, no se nombran, pero la actitud y los modos del citado consejero es lo más parecido a la función de un virrey. Desde que este afiliado fue nombrado miembro del Consejo de Dirección, UPyD Catalunya ha sufrido una incesante pérdida de afiliados, se ha desmontado un Consejo Territorial democráticamente elegido, se desaprovechó la oportunidad de organizar un consejo de amplia representación sobre la gestora que sustituyó al anterior consejo y se está a punto de desmontar el segundo Consejo Territorial elegido democráticamente. Toda una carta de presentación.

Espero que no se actúe con el estilo del ex-presidente Zapatero, de no darse por enterado, ni con el del Presidente Rajoy, de no hacer nada, y que se sea consecuente con lo que manifiesta UPyD en el Congreso, tal como recalcó Irene Lozano hace unos días durante una comparecencia: “No hay estado de derecho si las élites se quedan al margen de la ley”.

Como no podía ser de otra forma, también salió el tema recurrente de Ciudadanos y, como ya es habitual, se volvió a constatar que lo que piensa el responsable de Acción Política al respecto y una parte importante de los afiliados a UPyD Catalunya es totalmente diferente.

Quizás a los que vivís fuera de Catalunya la situación que aquí vivimos os importe realmente poco, más allá de alusiones patrióticas a la unidad de España, pero a los que vivimos aquí y aspiramos a que esto siga siendo así nos importa mucho y muy mucho. Y por eso nos cuesta entender que la quintaesencia del pensamiento político de UPyD esté definida por un absurdo independentismo respecto de los demás partidos. ¿Al paso que vamos, cuantas legislaturas tenemos que esperar para ser decisivos en Catalunya y en España? Desde luego que transmitiendo la idea de que hay que reducir la estructura territorial, parece ser que muchas. ¿Por qué fijarse en lo que han resuelto mal el PSOE y el PP y no fijarse en lo que ha resuelto de una forma extraordinaria, para sus intereses, CiU? ¿O este caso no lo ha estudiado el responsable de Acción Política de UPyD? ¿Por qué esa aversión, no ya a pactar con C,s., sino siquiera a plantear la posibilidad de dicho pacto?

También aquí en Catalunya hay compañeros que opinan que para UPyD es mejor ir en solitario y seguir con ese “mantra” de que somos un partido nacional, a pesar de que, después de dos elecciones, en la comunidad más poblada tenemos una representación mínima y en la segunda ninguna. En la mitad del estado somos meramente testimoniales.

Y sí, como opinión perfectamente legítima, hasta es posible que sea cierta, y para UPyD sea mejor. Pero mucho me temo que los ciudadanos, los de aquí y los de allá,  no están en situación de esperar a la consolidación de UPyD a nivel nacional, así que, o nos decantamos como opción política, por consolidar a UPyD en todo el territorio nacional, y no se ve cuando se podrá conseguir ese objetivo, y abandonamos toda posibilidad de ser decisivos de inmediato o buscamos alianzas o pactos con partidos, asociaciones o grupos afines a nuestro ideario que nos permitan tener la envergadura necesaria para ser decisivos y, no solo poner de manifiesto las injusticias que padecen los ciudadanos, sino resolverlas. Este  es el dilema de UPyD, crecer con el objetivo de consolidar el partido en solitario o crecer junto a otros para realmente intentar resolver los problemas de los ciudadanos. Y lo primero que habría que hacer es ver si las propuestas de colaboración que periódicamente lanza C,s. son reales o meros efectos propagandísticos. No quedará muy bien que en las próximas elecciones Europeas vayamos en coalición con otros partidos y en cambio, en casa, seamos incapaces de hacerlo con un partido que es casi clónico de UPyD, a pesar de que el responsable de Acción Política  de UPyD nos avergüence presumiendo públicamente de desconocer el programa político del partido más cercano a nosotros y que en Catalunya siempre lo eligen  muchas más personas que a nosotros.

Para acabar, me molestó muchísimo, como a otros afiliados, que se nos acusara de estar “mirándonos el ombligo” por preguntar sobre los problemas que tenemos en Catalunya y por buscar soluciones. Muy desagradable y muy injusto. No sé si se es consciente de que a UPyD Catalunya lo mantenemos vivo los afiliados que seguimos todavía, que buscamos soluciones reales y no ficticias, que asistimos a los actos del partido, que nos pateamos nuestras ciudades repartiendo nuestras ideas y que queremos una solución real y política a la actual situación en que nos encontramos.

En fin, como ya expresé  al principio, una reunión muy decepcionante en la forma y en el fondo, que en vez de servir para aportar soluciones solo dejó dudas, un manifiesto desagrado por esa molesta afición que tiene algunos a reprender a los demás y una pregunta, ¿realmente, a qué vino el responsable de Acción Política a Barcelona?

Angel Milla